caminoSentado al lado de la chimenea oyendo el crepitar de las llamas y acariciando a mi anciana y confiada gata, uno se deja llevar a pensar en la naturaleza y la zona de confort.

Si bien los gatos se muestran confiados cuando están en presencia de su dueño, durmiendo encima de sus piernas, o bien ronroneando plácidamente al sentir las caricias, este estado de placidez se acaba bruscamente en el momento en que algún desconocido hace acto de presencia en la estancia, de tal suerte que el felino corre despavorido a esconderse debajo del primer mueble que encuentre a su paso y que le merezca la suficiente confianza para sentirse oculto y protegido en esa (su) zona de confort. Posiblemente sea un símil un tanto exagerado, pero la situación me ha motivado a escribir estas líneas.

Todos, en mayor o menor medida, estamos atrapados, o mejor dicho, condicionados por la zona de confort. Posiblemente la diferencia resida en la capacidad que tengamos para salir de ella y, por ende, poco a poco ir ampliando conocimientos, aptitudes y actitudes frente a lo desconocido.

Una frase, la cual no recuerdo exactamente donde fue leída o escuchada,  me resultó altamente esclarecedora acerca del concepto en sí mismo de zona de confort. Cito textualmente “…hay que creer en uno mismo, ya que lo que uno no decide, lo hacen los demás por él…”. ¿Habrá algo más terrible en la vida de un sujeto no tenga la capacidad de decidir por sí mismo lo que quiere hacer y que los demás decidan por él?. Esto, dicho así, nos recuerda a otras épocas o lugares en que no hay poder de decisión ni libertades. Dicho de una forma clara y distinta, ¡nos puede recordar a épocas de esclavitud!. Entonces, ¿estamos diciendo que la zona de confort nos está esclavizando?. En la medida que nos condiciona e imposibilita para hacer determinadas acciones o conductas que nos impiden llegar a nuestros objetivos, la respuesta es ¡SI!.

Los miedos como condicionantes

El miedo, es una emoción primaria derivada de la aversión a las amenazas y provocada por la percepción de un peligro. Freud en su teoría del miedo, postula la existencia de dos grandes grupos de miedos: los reales, en los que hay una concordancia entre la amenaza y el miedo sentido, y los irracionales o neuróticos, en los que no hay relación, siendo proporcionalmente mucho mayor el miedo a la amenaza real.

Existe un grupo de personas, las cuales podemos considerar que por el simple hecho de tener miedo a aquello que desconocen, llegan a dejar que otros decidan por ellos, y se convierten en esclavos simplemente por el miedo a lo desconocido. Estamos claramente ante un caso de miedo irracional o neurótico, según la clasificación propuesta por Freud.

Hay otro grupo de personas creativas, audaces, que primero dicen que sí y luego piensan en como realizarlo, que piensan diferente que los demás y expresan sus opiniones, que comparten sus conocimientos, que viven según su propio código y hacen lo que otros sólo desean poder llegar a hacer, y que nunca abandonan … y también son hombres al cabo y al fin como los que padecen miedos irracionales imposibilitantes y coartadores de las libertades humanas básicas.

La gran diferencia entre ambos grupos reside sencillamente en la creencia en ellos mismos y en su autoestima.

¡Sal de tu zona de confort!

La gestión correcta de los miedos comportará que vayas cambiando y aumentando la autoestima, de tal forma que tendrás una nueva visión de la realidad y así, iras viendo nuevas oportunidades, las cuales, a su vez, te llevaran a poder redefinir tus objetivos e ir saliendo poco a poco de tu zona de confort.

Deja atrás la tensión emocional generada por los miedos, y ve alimentando cada vez más la tensión creativa, que te impulsará y catapultará a que vayas acercándote cada vez más a tus objetivos, y a buscar y re-definir tus metas. El resultado final será que irás aumentando y agrandando tu zona de confort, de tal forma que tus límites se harán cada vez más vagos y difusos, permitiéndote crecer cada día más y más como persona autorrealizada.

Evidentemente en todo este proceso de salir de la zona de confort tropezaras más de una vez, pero la diferencia entre los dos grupos anteriormente reseñados está en que los segundos no se paralizan por los errores, sino que analizan y sacan un aprendizaje de ellos, haciéndose  cada vez más fuertes para enfrentarse a futuros e indefinidos retos. Así el bagaje necesario para el éxito va aumentando y se va engrandeciendo en una relación directa a todas aquellas experiencias que tengas, ya sean con un final feliz, o con un final menos feliz, pero que, al final del proceso habrán contribuido a que aprendas de las experiencias.

Como bien decía Antonio Machado, “caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”

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